San Juan de la Peña
. . .Cuenta la leyenda que un noble aragonés llamado Voto estaba cazando a caballo en esta comarca, cuando persiguiendo un ciervo cayó desde el precipicio del monte Pano, y al ver la muerte cercana pidió ayuda a San Juan Bautista, que le posó suavemente en el suelo. Allí mismo, tras el saledizo rocoso, había ya una ermita dedicada a San Julián y Santa Basilisa, y en este lugar San Voto, tras vender sus bienes, emprendió una vida eremítica. También leyendas son las que relacionan el lugar con anacoretas como Juan de Atares, San Félix, Benedicto, Marcelo y otros. Igualmente se relaciona el monasterio con el Santo Grial, motivo este que fué de peregrinación a este paraje. Y es que la ubicación del monasterio, bajo la oquedad rocosa del monte Pano, como la de algunos otros monasterios españoles de tiempos de la Reconquista, presta facilidad para la imaginación de leyendas y de míticos eremitas. En la inmediatez de un frondoso bosque y bajo la citada visera rocosa, excavado en la roca, se halla este sorprendente monasterio, en unos paisajes también adictos a la leyenda.
. . .HISTORIA: No ya leyenda sino historia es la de los reyes y nobles aragoneses que favorecieron el crecimiento y desarrollo de este monasterio hasta, ya con bastante posterioridad, la construcción de otro en la parte superior del monte, de mayores dimensiones espaciales y menores dimensiones artísticas. Así fué como en un principio reyes de Navarra como García Jiménez y condes de Aragón como Galindo Aznárez, en los Siglos IX y X promovieron el pequeño monasterio de San Juan Bautista, citado en las crónicas de la época. Ya en el Siglo posterior otros reyes hasta Sancho el Mayor continuaron esta tutela y favor hacia el eremitorio, y como se ha citado anteriormente fué en el Siglo XVII y tras un incendio, cuando se construyó el monasterio superior. Promovido por tan altas instancias no es raro que el monasterio llegara a ser lugar de enterramiento no solo de nobles, sino también de reyes aragoneses. Centro cultural y espiritual, religioso y patriótico de los bravos aragoneses de los tiempos de la Reconquista, cuenta con influencias mozárabes en su construcción, y con varios recuerdos en algunos casos, más que de lo árabe, de lo visigótico.
. . .PLANTA INFERIOR: Estructuralmente podemos distinguir dos plantas correspondientes a distintos periodos constructivos, estando en la superior el característico claustro cuyas imágenes evocamos en otro apartado, por lo que pasaremos a describir la planta inferior; tiene dos elementos, la sala de los concilios y la primitiva iglesia mozárabe. Esta última tiene la advocación inicial a los santos Julián y Basilisa, y consta de dos naves con cabeceras rectangulares dedicadas a los santos citados y a San Juan Bautista. La puerta tiene arco peraltado de caracter visigótico y las cabeceras están excavadas en la roca. La iglesia se amplió posteriormente con una nave única que se encuentra en el nivel inferior. Como detalles decorativos cabe resaltar la decoración de pinturas con escenas del martirio de los santos Cosme y Damián y una crucifixión, pinturas románicas del Siglo XII, y unas hornacinas en los ábsides en sustitución de las imposibles ventanas. Junto a la iglesia se halla, en un nivel inferior, la Sala de los Concilios, de forma trapezoidal y dividida en dos naves por cuatro columnas con arcos de medio punto. El nombre deriva de un posible concilio celebrado en la misma en tiempos de Ramiro I, aunque utilitariamente pudo haber sido el dormitorio de los monjes.
. . .PLANTA SUPERIOR: Reyes y nobles, guerreros y monjes distribuyen su enterramiento en este monasterio, según su dignidad en casos, enterrados en un panteón de Nobles y otro de Reyes en esta planta superior, y algunos enterramientos de abades y monjes en la inferior. Estos panteones van adosados al costado izquierdo de la iglesia superior, de advocación a San Juan Bautista, y que encuentra su basamento en la nave que construyó Sancho el Mayor en la iglesia inferior. Esta iglesia consta de una nave que culmina en tres ábsides semicirculares decorados con arcos ciegos que se elevan desde la imposta y que están excavados en la roca, comunicándose entre si a la vez por arcos de medio punto internos al ábside, siendo el arco y el ábside central más grandes que los laterales. La nave es única y decorada con elementos ajedrezados en uno de sus lados, iluminándose al fondo por la existencia de ventanas en el hastial Suroeste. Tiene a un lado las puertas de acceso a los panteones y al otro lado, y a través de una puerta mozárabe, al claustro. La iglesia se consagró en el año 1094 y se suele relacionar con la introducción de los ritos cluniacenses. El adosado Panteón de los Nobles es un espacio a modo de corredor en donde se inscriben dos hileras de nichos, cuyo frontal es un tímpano semicircular con crismones, cruces y otras decoraciones románicas. Junto a él, pero entrando por la iglesia, está el Panteón de los Reyes, totalmente reformado en el Siglo XVIII.
. . .CLAUSTRO: Inimitable y sorprendente, el claustro se nos muestra al aire libre y solo cubierto por la desnuda roca del monte Pano, que le hace visera y lo cubre. De forma rectangular, se han perdido varias de sus arcadas y de sus capiteles, estando algunos de los que quedan bastante deteriorados. Todos ellos se encuentran elevados sobre un podio corrido en el que se alternan columnas de fustes simples, dobles o cuádruples, decoradas en su parte superior por un taqueado jaqués recortando cada arcada. En los capiteles se han logrado rastrear dos escuelas totalmente distintas, una de estilo languedociano, cuya característica es la decoración a base de motivos vegetales, y sobre todo de animales, entre los que podemos ver leones alados, caballos, grifos, y otros seres, algunos enfrentados y otros devorándose entre ellos. Su estado de conservación no siempre es bueno y son totalmente característicos del estilo citado. Por otra parte trabaja la escuela del llamado Maestro de San Juan de la Peña, a la que se puede ver en otras localidades aragonesas y navarras como Biota, Huesca (San Pedro el Viejo), Aguero, Uncastillo o Sanguesa. Los capiteles de este Maestro son veinte en este monasterio y recorren iconográficamente desde el Génesis, el nacimiento e infancia de Jesús, la vida pública de Cristo y por fin el ciclo Pascual, acabando en la Ascensión. Así podemos ver desde la Creación a escenas de Adan y Eva como la expulsión del Paraiso, Caín y Abel, la Anunciación, Visitación y el Nacimiento, Anuncio a los pastores, Epifanía, Sueño de José y Huida a Egipto, Matanza de Herodes, Sueño de los Magos y escenas de la vida pública de Jesús como el Bautismo de Jesús, las Tentaciones en el desierto, Jesús elige a los Apóstoles, La pesca milagrosa, Bodas de Caná, Resurrección de Lázaro, La mujer adúltera y Jesús en la casa del Centurión y por último el ciclo Pascual con la Entrada en Jerusalén, Judas ante el Sanedrín, La última cena, Las apariciones a Santo Tomás y a los discípulos de Emaús y la Ascensión. Todo un ciclo iconográfico y un Biblia en piedra para los iletrados. El maestro de San Juan de la Peña desarrolla en estos capiteles su estilo muy personal, caracterizado por aplicar unos grandes ojos ovalados y muy resaltados, como de insecto, a sus personajes, lo que los dota de una especial expresividad; unos pliegues planos pero remarcados por líneas discontinuas con las ropas totalmente pegadas al cuerpo, y un especial sentido de la adaptación de los personajes e historias al capitel, llenándolo plenamente en unos casos y dejando vacíos en otros, con escenas de figuras aisladas y otras multitudinarias y con gran economía de medios figurativos, pero dando en muchos casos con una buena solución expresiva e iconográfica al tema representado. Las escenas tienen una expresividad muy especial, pues tanto los gestos como las expresiones son siempre serenas y reposadas, un tanto estáticas y muchas veces ingenuas, dando a los personajes una autenticidad que los hace prototipos, y a la vez reflejando una gran profundidad simbólica. Iconográficamente podemos señalar que mientras los capiteles con bestiarios nos hablan de sentimientos contrapuestos (animales enfrentados), la lucha del hombre contra el pecado (luchas de animales y hombres) y de otras concepciones simbólicas que se repiten incesantemente en la escultura románica, básicamente como contraposición del bién y el mal, la obra del Maestro de San Juan de la Peña nos lleva a un programa de caracter didáctico, como representación figurada de la Biblia que es, pero también a un programa de gran profundidad simbólica y también psicológica a veces valiéndose de una iconografía sorprendente. Adosados al claustro con sendos pórticos, están las capillas de San Victorián y la de San Voto y San Félix, obras posteriores entre renacentistas y barrocas.
Acín de Garcipollera//Asieso//Baros//Binacua//Botaya//Canias//Iguacel//Catedral de Jaca
Majones//Navasa//San Caprasio, en Sta. Cruz de la Serós//San Adrián de Sasave
Santa María, en Santa Cruz de la Serós//Siresa//Villar de Sarsa, en Jaca