La música en los tiempos del Románico
        1 . . . Música hispano-visigótica y mozárabe
        2 . . . El canto Gregoriano
        3 . . . Juglares y Trovadores
        4 . . . Música esculpida
        5 . . . Discografía y Bibliografía

1 . . . Música hispano-visigótica y mozárabe
 
    Durante el periodo en que se desarrolla la arquitectura románica, como en cualquier otro periodo artístico, los distintos géneros no se desarrollan individualmente, sino que interactúan unos con otros, a veces a base a las influencias visuales, a veces por que estas artes están embebidas unas en otras, y otras muchas por motivos utilitarios. En el caso que nos ocupa, la música se desarrolla en las iglesias y conventos, y sirve a los mismos fines. También como la escultura, tiene una finalidad tanto de enseñanza para el fiel, como un carácter simbólico y místico. En este contexto vamos a mostrar como se desarrolla la música durante el periodo de desarrollo del arte románico. Pero, asimismo, hay que considerar que el arte no crece en el vacío. Todos tienen unos precedentes, y aunque la ideología de la época en que se desarrolla influya definitivamente en su base y posterior desarrollo, hay un sustrato cultural, a partir del cual se desarrolla. Este sustrato es a veces técnico, y a veces de carácter ideológico.
 
    El arte musical, en sus orígenes, nace como una necesidad de expresión a la vez que una función asociada a los ritos y las ofrendas por un lado, a la vez que al amor y a lo pagano. Esto se ha podido comprobar en tribus actuales de Asia u Oceanía, y serán los motivos persistentes a lo largo de casi toda la historia de la música, y, como veremos, nuestro periodo no es ajeno a estas motivaciones.
 
    Podemos por tanto hablar, situándonos en los periodos anteriores, que la música egipcia, griega y romana se desarrolla tanto en los momentos de carácter religioso, como en los de carácter ceremonial y cortesano, así como en lo popular. Y es en este contexto donde, de manera natural aparece un desarrollo de la ciencia musical en torno a una sistemática, un orden y una lógica. Con los griegos se desarrolla la acústica, y las matemáticas asociadas a la música, y se desarrollan instrumentos musicales tales como las primitivas arpas, liras, flautas, guitarras, tubas, cornos, tambores, etc. Estos instrumentos en lo grecorromano son los aulos, syrins, salpinx, phorninx, barbiton, trígono, khitara, cornu, etc. o en el terreno de la percusión la krotala, kimbala, tympanon, xilofón y otros varios. Muchos de estos instrumentos, como sucederá luego en el románico, perviven visualmente en artes como la pintura o la escultura. Como hemos dicho, el desarrollo teórico de la música se desarrolla en este periodo partiendo de las bases matemáticas e interválicas de la música tratadas por Pitágoras, y desarrolladas posteriormente en el sistema tonal griego, que es la base de toda la música posterior moderna. Ellos desarrollan los sistemas de octavas, y según la posición de los semitonos, los distintos modos tonales, hasta doce, que influirán en toda la edad media y en los periodos musicales posteriores.
 
    Con el advenimiento del cristianismo dentro de la sociedad se produce una gran alteración en lo ideológico, que afectará a las artes, y dentro de ellas a la música, produciéndose una reforma de la visión sobre las mismas. Los instrumentos se prohibieron a los cultos divinos, asociándose a lo pagano, a la vez que se produjo una “censura” sobre las otras músicas. Esas otras músicas eran las cortesanas y las populares. Estas últimas, que son lo que podemos denominar como folklore, siempre han existido, y precisamente por su carácter popular no han recibido esa sistemática y notación musical que las habrían hecho sobrevivir. Podemos rastrear las más antiguas en torno al siglo XII, pero su persistencia ha permanecido en la historia gracias a su incorporación como melodías a la música sacra, habiendo algunas que han permanecido a lo largo de la historia como recurrentes dentro de salmos, misas, tonadas, etc. Posteriormente muchos compositores, sobre todo del siglo XIX y XX recopilaron y utilizaron música folklórica en sus composiciones.
 
    Pero hay que considerar, que si en la técnica musical había unas bases occidentales para la música, en lo ideológico eran otras. La visión que, en un inicio, tendría lo romano sobre el cristianismo sería similar a la que hoy en día tendríamos sobre una secta. Una escisión del judaísmo, con unas ideas y practicas bastante “raras”. Por tanto, la base práctica en la ceremonia ritual parte de lo judaico, no de lo romano. La práctica de lo religioso estaba basada en la recitación de los salmos y otros episodios bíblicos, y aquí entra lo musical de un modo pleno en ambos ámbitos. Además los poemas religiosos tenían su base en aprender de la palabra recitada para luego seguir sus enseñanzas en la práctica diaria. Esto en la música cantada se desarrollaba por recitar secuencias rítmicas con variaciones de la voz, en distintas entonaciones y cadencias.
 
    El veloz desarrollo del cristianismo en todo Occidente hizo que, pese a la unidad ideológica de lo que se deseaba en lo musical, en la práctica se adaptó a cada país de una forma distinta según su grado de romanización y su uso del idioma. De este modo podemos hablar de un canto bizantino y de varios cantos de iglesias latinas, que, en lo que a la península respecta, se ha dado en llamar canto Mozárabe (nombre dado a los cristianos que vivían en la Península Ibérica bajo el poder musulmán), aunque en realidad, no es propio solo de estos, sino tanto de los visigóticos como de los antiguos cristianos habitantes de la península antes de la dominación musulmana. Hubo distintos centros en toda Europa, con un sustrato común, pero unas características diferenciadoras según cada centro.
 
    San Juan Crisóstomo dijo que “el canto litúrgico debía parecerse al canto de los ángeles” y cada liturgia, ambrosiana, mozárabe, etc. trató de adaptarse a esta afirmación individualmente hasta el momento de la unificación con San Gregorio Magno.
 
    El canto mozárabe está en los mismos orígenes de la evangelización de la Península Ibérica, y comprende asimismo el canto visigótico y el viejo-hispánico. Estos cantos ocupan desde la evangelización hasta la imposición del gregoriano en la península a lo largo del siglo XI, y lógicamente, este no fue una norma uniforme en toda la península de modo inmediato.
 
    La falta de conocimiento de los sistema de escritura musical ha hecho que el canto visigótico prácticamente esté extinto, no en vano San Isidoro afirma que “la música es hija de la memoria, porque los sonidos no se pueden escribir y perecen”. Pese a ello el propio San Isidoro escribió un tratado de música donde se registran los sonidos en clave diatónica. El sistema habitual de representación de los sonidos era a base de neumas, que básicamente eran signos para recordar la melodía, pero que no indicaban la altura del sonido (grave o agudo). Hay antifonarios, como el de la Catedral de León que conservan relevante información sobre la misma. En total podemos cifrar en torno a la cincuentena los textos escritos en el norte de la península que nos revelan su contenido musical. Esta pervivencia se vió apoyada por el animo hacia la liturgia y la música de los primeros Padres de la Iglesia visigótica e hispano primitiva, desde Osio, hasta San Leandro, San Isidoro o San Ildefonso. La música mozárabe nos llegó asimismo en la tradición gracias a su supervivencia de culto en la Catedral de Toledo. Esto pervivencia se produjo cuando, en una conocida escena, en el Concilio de Toledo se celebro un juicio divino arrojando al fuego un códice de liturgia hispana y otro de la reformada gregoriana. Ambos cayeron fuera del fuego, pero el rey Alfonso VI arrojo el hispánico al fuego de una patada hasta que ardió. Pese a ello permitió el culto en esta Catedral con posterioridad. Anteriormente se había visto como los intentos Carolingios de imposición de una misma liturgia común a los reinos cristianos habían fracasado ruidosamente en la península, negándose la iglesia hispánica a la imposición de las innovaciones provenientes del exterior.
 
    La liturgia mozárabe, si bien era similar organizativamente a la de las demás liturgias antiguo latinas, se distinguía de ellas por un mayor gusto por el adorno. Asimismo parece más libre que los otros cantos.
 
    Si bien con el advenimiento del canto gregoriano en la Peninsula cayó la práctica del mozárabe en casi todas las partes de la liturgia cristiana, se conservó en algunas celebraciones especiales que no estaban claramente especificadas en la liturgia gregoriana, y mantuvo su practica habitual hasta avanzado el siglo XVI en la Catedral de Toledo.
 
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